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Meditación sobre la Navidad

Meditación sobre la Navidad

Lecturas : Noche Buena, Isaías 9,1-6. Tito 2,11-14  y  Lucas 2,1-14.

P. Fernando Jiménez Figueruela SJ

Jesús es el gran regalo que Dios nos hace. Dios se convierte en don gratuito para toda la humanidad. Al hacerse hombre da el salto sobre la distancia infinita que hay entre Dios y los hombres. Desde el nacimiento de Jesús todo es distinto. Dios se nos acerca de una manera inaudita. Se hace hombre real y verdadero por nosotros. Siempre decimos que Jesús nace para “salvarnos”. Es verdad, pero pareciera que esa palabra de tanto repetirla ha perdido su contenido. Salvarnos ¿de qué y para qué?. La humanidad había perdido su horizonte, los hombres había caído en un salvajismo espantoso. Jesús nos enseña a vivir de otra manera. Con su vida concreta nos hace ver que el amor es posible y que los hombres pueden vivir como hermanos. Nos salva de una existencia sin sentido, de la esclavitud del egoísmo y de caer en la nada al final de la vida. El nacimiento de Jesús da un sentido pleno a nuestra vida y a todo el universo.

Dios se hace hombre por amor, no tiene ningún otro motivo. Dios amó tanto a la humanidad que no se resigno a verla definitivamente perdida.  El evangelio de San Lucas nos cuenta los hechos de una manera muy escueta y precisa: “María dio a luz a su hijo, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre”.  Juan profundiza en estos hechos y les descubre su sentido. Es lo que leemos en el evangelio de día de Navidad. Al leer los hechos que nos cuenta  Lucas y que todos sabemos de memoria conocemos al Dios verdadero, podemos ver qué Dios es el que se hace hombre. El Dios que elige la humildad de una jovencita para que sea su madre, el Dios que nace en la pobreza y que se muestra en primer lugar a unos pastores, grupo social que era despreciado y marginado. No es el Dios que entra en el mundo rodeado de poder y dando órdenes. Como había dicho María cuando visitó a su pariente Isabel, es el Dios que derribó a los poderosos de sus  tronos y encumbró a los débiles.  

Juan, en el prólogo de su evangelio, que leemos el día de Navidad, reflexiona con gran profundidad teológica y nos dice que ese niño recién nacido es la Palabra eterna del Padre: “En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios y la Palabra era Dios”. Dios es comunicación, diálogo, al interior de la Trinidad, entre las tres divinas personas y al exterior, hacia nosotros. El Padre habla y su Palabra es una nueva persona divina: el Hijo, que es engendrado eternamente por el Padre, pero esta Palabra se dirige a nosotros, se hace carne y habitó en nuestro mundo.

Nos toca acoger en el corazón esta Palabra, este Cristo que quiere nacer en nosotros. Dios nos invita a un dialogo de amor permanente, si lo aceptamos, nuestra vida se transfigura. Seguiremos haciendo cada día nuestro trabajo, pero con una luz y un horizonte distinto. Podemos vivir inmersos en Dios como vivimos inmersos en el aire y la luz que no rodea. La Navidad nos invita a abrir nuestras vidas al Señor. Ser cristiano no es sólo, ni de manera principal, cumplir unas normas. Es entrar en la dinámica del amor a Jesús y a los demás como hicieron María y José. Es sentir la alegría de mi familia que esta noche se reúne y esforzarse para que en nuestras familias todos los días sean Navidad porque el nacimiento de Jesús ocurre siempre que nos queremos de verdad. Y abrir el corazón a las necesidades del mundo. El cristiano verdadero no encierra su amor entre las cuatro paredes de su casa. Ese amor de expande y cambia  la realidad que vivimos cada día.

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